Una capa pluvial es una prenda litúrgica que visten los sacerdotes o diáconos en la iglesia católica y en la anglicana. Tiene su origen en la lacerna, prenda adoptada en la antigua Roma para protegerse del mal clima, particularmente durante un viaje. Cuando estas capas se empezaron a usar por clérigos cristianos en procesiones afuera de los templos, cobraron el nombre de capas pluviales (del italiano piviale) pues cubrían de la lluvia. Solían ser de gran tamaño –llegando hasta los pies de quien las portara– y tenían forma semicircular.

Algunas capas tempranas contaron incluso con una capucha. Con el tiempo, la capucha quedó en desuso, pero el espacio central que ocuparía en la espalda, llamado escudo, llegó a ser ricamente adornado. En la actualidad, sacerdotes y diáconos visten la capa pluvial en diferentes ceremonias especiales tanto al exterior del templo (durante procesiones y confirmaciones), como al interior (en ritos sacramentales como el bautismo, la eucaristía, el matrimonio o las exequias fúnebres).

Esta capa pluvial de Puebla del siglo XVIII está hecha de raso de seda bordado con hilos de seda y de oro entorchado, conforma un excelente ejemplo de elaboración de un objeto artístico resultado del intercambio global, tanto de bienes –la seda era importada de Manila a través del abundante comercio transpacífico– como de técnicas de bordado europeas. La capa sigue de cerca la opus anglicanum inglesa del siglo XIII, la cual consiste en el diestro y fino bordado de prendas religiosas con punto partido de hilos de oro metálicos en diversas direcciones, permitiendo así diseños de gran detalle, como es posible ver en este ejemplo poblano.

La capa conserva su borde dorado al margen, mientras que al interior presenta una profusa decoración floral. La parte central parece dividirse del resto por un claro y delgado delineado ondulante que puede estar resaltando la zona del escudo. En el centro sobresale, como si fuera un medallón bordado, una escena de la Virgen de la Misericordia. Esta imagen de María se destaca porque cubre con su manto a un grupo de personas, generalmente suplicantes, actuando tanto como protectora como intercesora espiritual. Durante la edad media la Virgen de la Misericordia fue una imagen ampliamente venerada como protectora ante enfermedades contagiosas, como la peste.

La representación del manto protector de María se extendió desde las órdenes del Císter durante la edad media, especialmente por vía de los sermones de Bernardo de Clairvaux (1090-1153) y del compendio de historias de visiones milagrosas titulado Dialogus miraculorem, escrito entre 1220-1230 por Caesarius de Heisterbach, de la diócesis de Colonia. Entre estas historias, se lee la aparición de la Virgen a un devoto monje de la orden que tuvo una visión de la iglesia triunfante, con todo el cortejo de ángeles, profetas y mártires pero ningún monje de la orden del císter. Cuando le preguntó a María por qué no había nadie de entre ellos, la Virgen le respondió que ellos le eran muy queridos, así que los mantuvo entre sus brazos, y al abrir su capa, descubrió a una multitud de monjes.

En el centro de la capa poblana, debajo de Virgen de la Misericordia, podemos identificar a un grupo de personas, al parecer hincadas, cubiertas por el sagrado manto y en un nivel inferior al de la virgen. Aunque algunas zonas del manto poblano han perdido su nitidez, aún es posible observar los detalles de los rostros e identificar que los más cercanos a la virgen son cuatro santos Los reconocemos porque tienen una aureola en la cabeza y larga barba gris. Dos de ellos portan una rama de palma. Detrás de estas figuras podemos ver las cabezas de cuatro monjas que visten túnica blanca y capa negra. El escudo de la orden mercedaria que portan la Virgen y los santos sobre su pecho sugiere que se trata de una obra de esta orden.

Un ángel a cada lado de la Virgen sujeta la santa capa, de acuerdo con el modelo popularizado en España a partir del siglo XIV; mientras otros dos ángeles parecen volar en el cielo. Afuera de esta escena central del medallón, se encuentran sentados dos ángeles con instrumentos musicales. El ángel a nuestra izquierda toca un tambor, mientras que el de nuestra derecha ejecuta un instrumento de arco.

La idea de ángeles como ayudantes en la mediación espiritual se encuentra en consonancia con los sermones de Bernardo de Clairvaux respecto al Cantar de los Cantares. De acuerdo con él, El Cantar de los Cantares refiere una unión con Dios y llama a una experiencia mística. Dice que El Cantar se trata de una canción inspirada, personal; una melodía que resuena allende la música del corazón, una armonía de voluntades, que no se escuchará en las calles, sino sólo la escuchará el cantante y a quien canta.

¿Podría ser que esta capa que tiene el fin práctico de proteger contra la lluvia, al contar con la imagen de Virgen de la Misericordia adquiriera con ello un doble significado de protección y mediación espiritual?

Aunque el tiempo haya cobrado su cuota, y más brille el dorado de la capa pluvial, podemos todavía notar fuertes tonos rojos, verdes, y azules en el fondo floreado, elaborado con minucioso trabajo. El fino manejo de la técnica de sedas, la riqueza cromática y el diseño de las formas que sugiere sutiles efectos de movimiento en general logrando una gran naturalidad en las figuras, especialmente de las florales, son un excelente ejemplo de la maestría en el bordado de los talleres y los conventos poblanos del siglo XVIII.

Por Vanessa A. Portugal

Posgrado en Historia del Arte, UNAM

20 julio 2020

Un acercamiento a la capa pluvial con ángeles músicos, del Museo Franz Mayer

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