‘Los siete pecados capitales’ de Peter Brueghel El Viejo: Lujuria y Soberbia

Si algo caracterizó la producción pictórica y gráfica de Peter Brueghel El Viejo fue su particular visión pesimista e intelectualizada del mundo, imbuido por una naturaleza inquietante y simbólica en el que se entremezclan un sinfín de figuras monstruosas en paisajes fantásticos, cuyo significado a veces no es tan visible o fácil de traducir en palabras. Para ello, el grabador brabanzón se inclinó por una iconografía grotesca y, en particular, de la ya inventada por El Bosco, con objeto de crear composiciones de figuras irreales que participan en una crítica burlesca sobre los vicios que acechan la vida del ser humano. Bajo esta línea moralizante apareció una de las series más icónicas de la producción de Brueghel, Los siete pecados capitales, que inició en 1556 y completó en 1558. Al año siguiente, continúo la producción con Las siete virtudes de un formato idéntico, aunque no existe una conexión entre ambas, porque las ‘Virtudes’encarnan escenas reales de la cotidianidad flamenca, mientras los ‘Pecados’ representan escenarios fantasiosos repletos de metáforas alusivas al pecado y la herejía.

En este sentido, la serie de Los siete pecados capitales está conformada por siete grabados, cada uno dedicado a su correspondiente pecado ˗‘Avaricia’, ‘Desidia’, ‘Gula’, ‘Envidia’, ‘Ira’, ‘Lujuria’ y ‘Soberbia’˗, número que fue dado por el propio San Agustín de Hipona y San Gregorio el Grande, y se mantuvo por la mayoría de los teólogos del medievo, aunque escritores anteriores como San Cipriano enumeraron ocho. Las grafías están elaboradas al aguafuerte, técnica que les proporciono un especial atractivo en el mercado editorial frente a la peculiar xilografía, de trazos toscos y angulosos. Precisamente, la colección del Museo Frank Mayer tiene el honor de custodiar dos grafías de la serie en perfecto estado de conservación, ‘Lujuria’ y ‘Soberbia’, alegorías ‘pecaminosas’ a las que dedicaremos nuestra atención. Ambas, encarnan dos de los pecados más abominables dentro del cristianismo, pues la ‘Lujuria’ se relaciona con los pensamientos excesivos y posesivos de índole sexual sobre otra persona, que pueden llevar a compulsiones sexuales o psicológicas y transgresiones. Mientras que la ‘Soberbia’ está íntimamente asociada con la altivez y apetito desordenado de ser preferido sobre los demás, lo que implica un afán obsesivo de acumular y exhibir objetos materiales para distinguirse sobre el resto.


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