El grabado La virgen de Guadalupe, rodeada por sus milagros data de la segunda década del siglo XVII (ca.1615) y es la reproducción más antigua que se conoce de la sagrada imagen.[1] Fue el arzobispo de México Juan Pérez de la Serna quien mandó grabar las estampas, para vendérselas a los fieles, y con el dinero recabado concluir la construcción de una nueva iglesia para la imagen de la virgen de Guadalupe, en el Tepeyac, ya que la existente resultaba demasiado pequeña para albergar el creciente número de peregrinos y visitantes que acudían a ver a la sagrada imagen.

[1] La obra es una impresión moderna, hecha a partir de la placa original, descubierta en Oaxaca por el coleccionista H. H. Behrens.

La obra fue encargada a Samuel Stradanus, un grabador flamenco, que poco antes había fundado un taller en la ciudad de México. El artista optó por una composición reticular, inspirada en los retablos de las iglesias y utilizada frecuentemente en Europa para frontispicios de libros. Al centro reprodujo la imagen de la Virgen de Guadalupe, colocada sobre un altar. Ella aparece rodeada de cuatro lámparas de aceite encendidas, que penden del techo, y acompañada de seis pequeñas obras votivas, presumiblemente de plata, que representan partes del cuerpo humano (tres cabezas, dos piernas y una mano). Debajo hay una cartela que alude a los 40 días de indulgencias que Pérez de la Serna ofrecía a los compradores de las estampas y, en la parte inferior, dos ángeles sentados sobre un pedestal sostienen el escudo de armas del arzobispo. Cabe suponer que se imprimieron muchas estampas porque el desgaste de la placa de impresión muestra un intenso uso y porque en pocos años se pudo concluir la nueva iglesia, misma que se inauguró en noviembre de 1622.

El grabado representa ocho milagros que en aquel entonces se atribuían a la virgen de Guadalupe, acompañados cada uno por un texto explicativo a manera de exvoto. Estas escenas están organizadas en dos columnas que flanquean la imagen y el texto centrales. El primer milagro de la columna de la izquierda refiere la sanación de Bartolomé Granado de dolor de cabeza y de oídos, sucedida después de que él donó “una cabeza de plata” a la Virgen de Guadalupe (a); el segundo, corresponde a una niña con hidropesía que sanó después de beber agua de El Pocito de la ermita (b); el tercer milagro documenta la rehabilitación del pie del fraile franciscano Pedro de Valderrama, quien pudo regresar caminando a Pachuca, donde residía (c), y el último, alude a la sanación de la pierna de Luis de Castilla, sucedida después de que él donó a la ermita una réplica de plata de esta extremidad (d). Del lado derecho, el primer milagro narra lo sucedido a un hijo o sobrino del alcalde mayor de Tulancingo, Antonio de Carbajal, quien salió ileso después de caerse del caballo y de quedar con un pie atorado en el estribo; Carbajal temió por su vida al ver que el caballo lo arrastraba por las barrancas, pero el niño invocó a la virgen de Guadalupe, quien acudió en su auxilio y lo salvó (e). El segundo milagro relata lo sucedido a un hombre que estaba rezando en la ermita de Guadalupe al momento que se desprendió una de las pesadas lámparas del techo y le cayó en la cabeza. Gracias a la intervención de la Virgen salieron indemnes del accidente tanto él como la lámpara y ni siquiera se derramó el aceite que contenía la última (f). El séptimo milagro alude a la curación del hijo del sacristán de la ermita de Guadalupe, Juan Pavón, que estaba enfermo de una apostema en la garganta y que se curó después de que le untaron aceite de una de las lámparas próximas a la imagen de la Virgen (g). El último milagro refiere que cierto día las candelas encendidas de la ermita se apagaron con el viento al momento en que el vicario de la ermita, el padre Juan Vázquez de Acuña, estaba preparando la iglesia para decir misa y que volvieron a encenderse milagrosamente, gracias a un rayo luminoso que partió desde la imagen de la Virgen.

Todo parece indicar que los acontecimientos a los que se refieren los “milagros” sucedieron realmente. Salvo el hombre que resultó ileso ante la caída de la lámpara, los beneficiados aparecen por sus por sus nombres. Antonio de Carbajal, el padre del niño accidentado era un funcionario virreinal, encomendero de Zacatlán y propietario de una hacienda ganadera en Tulancingo; Juan Pavón y Juan Vázquez eran sacristán y vicario de la misma ermita de Guadalupe, y Pedro de Valderama era un fraile franciscano. Bartolomé Granado también debió ser conocido, ya que tuvo la capacidad económica para donar una “cabeza de plata” a la ermita. En siete de los ocho casos se especifica el lugar donde sucedieron los hechos (dos en la ciudad de México, uno en Pachuca, uno en Tulancingo y tres en la propia ermita de Guadalupe), y en todos se nombran los agentes mediante los cuales supuestamente se produjeron los milagros: la aplicación de aceite de una de las lámparas colgadas junto al altar y la toma del agua de El Pocito para curar a los enfermos; la compra y su donación de exvotos de plata o la simple evocación de la figura de la Virgen, como sucedió en el caso del  hijo de Carbajal.

Llama la atención que todos los favorecidos mediante los “milagros” fueron españoles. No sabemos por qué se excluyó a los indios. Tal vez se partió de la idea de que los compradores serían principalmente los españoles, aunque también había indios con buena capacitad económica. Otra posibilidad es que quienes determinaron el contenido del grabado ignoraran a los indios por desinterés o porque querían distanciar la ermita del entorno indígena. La falta del elemento indígena en estos primeros “milagros” contrasta con la importancia que cobraría posteriormente dentro del imaginario guadalupano.

Si comparamos esta imagen con representaciones posteriores sobre los milagros atribuidos a la virgen de Guadalupe, llama la atención la ausencia de las apariciones de la Virgen de Guadalupe al indio Juan Diego, las cuales se convirtieron en una constante a partir de la segunda mitad del siglo XVII. Esto se explica porque al momento de hacer el grabado (ca. 1615), la imagen se consideraba de origen humano. La narración de las apariciones de la virgen de Guadalupe al indio Juan Diego y el origen divino de la imagen, producto de la impresión de la efigie de la Virgen en la tilma del indio, sucesos que supuestamente se dieron en diciembre de 1531, todavía no eran del dominio común, ni habían sido aceptados por la Iglesia. Faltaban 37 años para que, en 1648, saliera la luz el libro Imagen de la virgen María, madre de Dios de Guadalupe, milagrosamente aparecida en la ciudad de México. Celebrada en su historia, con la profecía del capítulo doce del Apocalipsis, de Miguel Sánchez, el primer escrito fechado que se refiere detalladamente a las apariciones de la Virgen al indio Juan Diego, a la impresión de su imagen en la tilma del este último y en el que el relato ya cuenta con la mayor parte de los elementos que integran la versión oficial que ha sostenido la Iglesia.

 

Por Gisela von Wobeser

Investigadora emérita, Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM

17 julio 2020

La Virgen de Guadalupe rodeada por sus milagros, de Samuel Stradanus

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