Imágenes astrológicas. Una historia a través de objetos artísticos en la civilización occidental

La observación constante del cielo y de los cuerpos celestes brindó a las diferentes sociedades de la humanidad información que les permitió ubicarse y orientarse en el espacio y marcar los tiempos,  con lo cual pudieron constatar la periodicidad de fenómenos como lunaciones, solsticios, eclipses, y conjunciones entre otros, que mostraban una relación con fenómenos naturales que afectaban su cotidianidad –como el cambio de estaciones– y cuya observancia resultaba necesaria para llevar a cabo exitosas actividades agrícolas y expediciones marítimas.

Así, la observación de los cielos se sistematizó en la civilización babilónica (1895 a. e. c. – 539 a. e. c.) y las estrellas fueron organizadas en grupos de constelaciones –entre las cuales se encuentran por ejemplo las constelaciones zodiacales–.  Se desarrolló también un sistema teórico que consideraba y medía las influencias de los fenómenos celestes con los terrestres, dando paso a especializados pronósticos del año útiles para: la planeación de la administración de ciudades o de imperios; horóscopos de situaciones, como el futuro de una empresa mercantil, de una expedición naviera, o una empresa bélica; y para desarrollo de horóscopos personales. Todas las civilizaciones han dedicado parte de sus actividades a la observación del cielo como parte de la observación de su entorno. 

La tradición astrológica de la civilización occidental se basó en un conocimiento que parte de las tablas de observaciones Babilónicas el cual pasó por Egipto en su migración hacia el mediterráneo en la época de la Grecia clásica (510 a. e. c. a 323 a. e. c.), de donde circuló nuevamente hacia el medio oriente y regresó a Europa durante la alta edad media. Estos viajes enriquecieron las observaciones y adecuaron las prácticas astrológicas a los contextos culturales en los que se desarrollaron. La consideración de la influencia de los planetas en los elementos y en la vida en la Tierra desarrolló una creencia en la divinidad de los planetas. Un proverbio se opuso a las posturas astrológicas deterministas, él llamaba a la observación, conocimiento y manipulación de las fuerzas astrológicas para liberar al humano de la determinación astral y así empoderarlo para dominar su propio universo.

Entre las producciones científico-culturales, destaca la Astronomía del poeta y astrólogo Marco Manilio (siglo I), la cual es un poema educativo de la tradición astrológica grecorromana que ha llegado completo hasta nuestros días. La obra presenta una definición de astrología, y brinda una explicación de: el origen del universo, la forma en que el lector puede diagramatizar la eclíptica (es decir la zona en el cielo donde son visibles las constelaciones zodiacales, en una esfera armillada esta es trazada como una banda diagonal que rodea a la Tierra) (Fig. 1); los signos del zodiaco –como sus cualidades y sus relaciones geométricas dentro de la eclíptica–; la manera de encontrar la fortuna; el cálculo del horóscopo; la influencia de los signos zodiacales en determinado momento  –como en los nacimientos, en viajes, entre otros–; el funcionamiento de la geografía astrológica (que es la influencia de las constelaciones en las distintas zonas geográficas de la tierra). La Astronomía también proporciona interpretaciones de conjunciones de constelaciones. Esta obra resalta en tanto que ofrece las indicaciones prácticas para realizar un pronóstico: primero dando instrucciones para diagramatizar el estado del cielo en un momento dado y luego aportando interpretaciones de las posibles observaciones. 

Fig. 1. Globo celeste, esfera armillada y globo terrestre, en Johannes Baptsist Homann (Oberkirch, Estados Germánicos [hoy Alemania], ca. 1664 – Nuremberg, Estados Germánicos [hoy Alemania], 1724), Sphaerarum Artificialium Typica Repraesentatio, calcografía y acuarela, siglo XVIII, Núremberg, Estados Germánicos [hoy Alemania]. Colección Museo Franz Mayer

Manilio juzga necesario considerar varios aspectos de los signos zodiacales y de los planetas para brindar un conocimiento sobre el destino. Para lograrlo, explica la realización de un esquema cuadrangular cuyos bordes se encuentran divididos en doce partes iguales. Esta división obedece a un sistema interpretativo de casas, y a cada parte le corresponde un signo zodiacal. La posición de las esferas celestes en un momento determinado se marca en el diagrama siguiendo una analogía geográfica –las visibles en la elíptica se colocan en la parte superior del diagrama, y las que en esa época no están visibles pero cuya ubicación se conoce por tablas de observación y predicción del movimiento de los astros– en la parte inferior. Con base en el diagrama, se realizan cálculos geométricos y se encuentran correspondencias entre las posiciones geométricas de los astros a partir de los cuales es posible determinar los aspectos que afectan las cualidades de los signos zodiacales y de  los planetas, que a su vez influyen en el desenlace del destino que se pregunta. (Manuales sobre la práctica de la astrología para observar los cielos y para desarrollar pronósticos y horóscopos se publicaron en casas editoriales de diversas ciudades Europeas desde el temprano Renacimiento).

La observación del cielo como medio para medir el tiempo devino en la época helenística en la producción de calendarios en donde se representan a los dioses antiguos en sus calidades astrológicas. Estos calendarios fueron ampliamente reproducidos en el imperio Romano con el objetivo de mantener la observancia de las fiestas imperiales. (Fig 2.)

Fig. 2. El planeta Sol, en Códice- calendario del 354. Romanus 1 ms., Barba. Lat. 2154,  fol. 11. Biblioteca Vaticana, Roma

La tradición de personificar las influencias astrológicas como dioses de la antigüedad y de representar figurativamente las constelaciones influyó en la mentalidad medieval, y así vemos en fachadas de iglesias y catedrales la iconografía del zodiaco dispuesta en meses para marcar las actividades económicas del año. Siguiendo a Jacques le Goff, la visibilidad de estos calendarios indica su fin educativo y moralizante que considera al agricultor como la base de la estructura de organización estamental medieval. Esto significa que la Iglesia reconoce a la tierra como la base de la sociedad humana y la labor del agricultor como la metáfora del hombre condenado, al tiempo que al hombre quien a través de su labor, cumple con los ciclos de vida.

A partir del siglo XII en el occidente europeo se reavivó el conocimiento astrológico perdido después de la Antigüedad clásica a través de textos sobre filosofía –principalmente aristotélica– y astrología, como el Almagesto y el Quadripartitum de Ptolomeo, preservados por la cultura árabe y enriquecidos por las investigaciones y experiencia de autores como Abu Ma’shar (787-886), Avicena (980-1037), Acabitus (siglo XII), Ishaq al-Kindi (796-873) quienes abordaron las influencias astrológicas y sus simpatías con los seres de la naturaleza hacia un desarrollo de la alquimia, la medicina  y la magia astrológica.  Estos textos fueron traducidos del árabe al latín especialmente desde los centros de Toledo y Sicialia.

Durante la edad media surgió también un intento por cristianizar el zodiaco  por medio de entrelazar las figuras astrológicas calendáricas con las representaciones de los Santos;o con las de patriarcas y profetas; o con las de apóstoles, como en la Rota ecclesiastica;  o incluso relacionando los doce signos zodiacales con las doce estrellas del sueño de José. También se establecieron relaciones de los signos zodiacales con el cuerpo humano, como sugiere Prisciliano (ca. 340 – 385).

Eva Sniezynska-Stolot encuentra en los sermones de Zenón de Verona (300 – ca. 380) un intento por interpretar los signos zodiacales como fases de un desarrollo espiritual del hombre; mientras que por otra parte, los encuentra presentes en los Salmos de acuerdo con una interpretación cristiana según la cual el Bautismo actúa como exorcismo a través del cual los cristianos se libran de la influencia demoníaca de las estrellas.

Las imágenes astrológicas se encuentran en la edad media en libros de oraciones, mostrando una cosmología cristiana que acepta los signos zodiacales como parte de la creación, como lo muestra esta imagen iluminada del libro rezos personal del duque de Berry, Très Riches Heures of the Duke of Berry. (Fig 3)

Fig. 3. Hombre astrológico, en Très Riches Heures del duque de Berry.1412-1413. Paul, Jean and Herman Limbourg. Musée Condé, Chantilly

Las imágenes astrológicas también fueron reproducidas en grabados. La serie de Los Hijos de los Planetas, de Baccio Baldini (norte de Italia, siglo X) contiene siete grabados, cada uno dedicado a un planeta (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Sol y Luna, entonces considerados como planetas). (Fig 4) Cada uno muestra en la parte superior, el cielo y carro triunfal guiado por una personificación del planeta, en cuyas ruedas se representan los signos zodiacales que según la teoría astrológica conforman sus casas (son los signos sobre los cuales el planeta tiene mayor influencia). En la parte inferior, se representan escenas de vida cotidiana que refieren la caracterología de las personas nacidas bajo la influencia del planeta, la cual es descrita por una cartela en la parte inferior. Los grabados de los Hijos de los Planetas  fueron muy difundidos desde finales del siglo XV y el siglo XVI en el sur de Alemania y norte de Italia.

Fig. 4. Saturno y sus hijos, en Baccio Baldini, Almanaque. s. XV. The Warburg Institute, Photographic Collection.

Por su parte, las representaciones de las actividades económicas de cada mes se desarrollaron contemporáneamente en otros formatos, (Fig 5); como el manuscrito de astrología De Sphaera estense (hecho a mediados del siglo XV probablemente por Cristoforo de Predis para la corte Sforza de Milán, actualmente en la Biblioteca Estense de Modena) o  (Fig 6);  como el ciclo de los Meses en tapiz, diseñados por el taller de Benedetto da Milano con base en diseños de (Bartolomeo Suardi) Bramantino, a principios del siglo XVI para Gian Giacomo Trivulzio de Milán, ahora en la Salla della Balla del Castillo Sforza en Milán. La iconografía de los hijos de los planetas tiene influencia de los antiguos calendarios romanos y de los calendarios medievales que ejemplifican las actividades agrarias de cada mes, por lo que es posible considerar que las impresiones hayan servido a un didáctico o fueran empleados como modelos iconográficos.

Fig. 5. Marte, en De Sphaera. Cristoforo da Predis, siglo XVI. Biblioteca Estense. Dominio público.
Fig. 6. Mes de Febrero. Benedetto da Milano con diseños de Bramantino. Tapiz de los meses  para Gian Giacomo Trivulzio. s. XV. Sala della Balla, Castillo Sforza, Milán. Dominio público.

La producción de imágenes astrológicas tuvo así varios soportes: manuscritos, relieves, grabados, tapices, y estuvo relacionada con un saber práctico: la regulación del tiempo para el desarrollo de actividades humanas cotidianas, espirituales y mundanas.

Con el avenimiento de la Edad Moderna, el descubrimiento de América, y el desarrollo de la ciencia y los instrumentos de observación celeste, la apreciación de la relación entre el cielo y la tierra permitió desarrollar un conocimiento geográfico sobre los nuevos territorios y la observación de los cielos permitió trazar en planos las nuevas cartografías: tanto de América y Asia, como del cielo visto desde América y desde Asia. El mundo estaba por conocerse y graficarse. Este contexto vio surgir diversos modos de representación de los cielos.  (Fig. 7)

Fig. 7. Typus Orbis Terrarum, Abraham Ortelius, Gilles Coppens de Diest, Amberes, 1570. Dominio público.

Las imágenes astrológicas, cargadas de una memoria que enaltece su función de presagio, acompañará a los artistas y será empleada como retórica visual en diversos objetos artísticos.

Por ejemplo, este grabado de Alberto Durero, (Fig. 8) probablemente una prueba de impresión de La adoración de los pastores de 1503 (parte del libro La vida de la Virgen), pero editado en 1511. En él se muestra dentro de una cabaña a la Virgen y a un grupo de ángeles junto con el niño Jesús. A ambos lados de la cabaña llegan los pastores a visitar al recién nacido. La cabaña se muestra derruida, sin puertas, y en algunas partes sin techo, de tal forma que el niño puede ver hacia la estrella que se encuentra en el cielo, ¿podríamos extender esta relación como una indicación de que el niño se encuentra bajo la brillante estrella que preludia su destino?

Fig. 8. Albrecht Dürer (Nuremberg, Estados Germánicos [hoy Alemania], 1471 – 1528), La adoración de los pastores, de la serie La vida de la Virgen. Estados Germánicos [hoy Alemania], ca. 1504 – 1505, Xilografía. Colección Museo Franz Mayer

Bibliografía recomendada:

  1. Charles Burnett, Dorian Gieseler Greenbaum (eds.), From Māshāʼ Allah to Kepler: theory and practice in medieval and Renaissance astrology. (Ceredigion, Wales : Sophia Centre Press, 2015).
  2. Ewa Sniezynska-Stolot, “Christian interpretaion of the zodiac in Medieval Psalters,” Umeni, Casopis, Ùstavu Teorie a Dèjin Umeni ceskoslovenské Akademie vèd rocnik XXXVII. (Praga: Academia/ Nakladatelstvi Ceskoslovenské Akademie ved Praha: 1989), 97-111.
  3. Jean Seznec, Los dioses de la antigüedad en la Edad Media y el Renacimiento. (Madrid: Taurus, 1987).
  4. Manilio, Astrología, Francisco Calero y María José Echarte trad. (Madrid: Biblioteca Básica Gredos, 2002).
  5. Pierre le Mane, Calendriers et techniques agricoles (Paris: Le Sycomore, 1983).
  6. Sophie Page, Astrology in medieval manuscripts. (Toronto: University of Toronto Press, 2002).


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