Pieza del mes

octubre

Sala: Siglo XVIII

Este mes, el Museo Franz Mayer presenta el retrato de Ana Francisca de la Encarnación, óleo trabajado hacia mediados del siglo XVIII por Manuel Montes. Esta pieza corresponde a la tradición de representación de la profesión religiosa de las monjas y resume un subgénero pictórico en boga entre investigadores y coleccionistas. La maravilla de estas piezas es que permiten conocer personalmente a los protagonistas de la vida conventual femenina de la Nueva España.

En el arte de los siglos XVII y XVIII se pueden rastrear tradiciones temáticas consolidadas durante la Edad Media y el Renacimiento; la representación idealizada de la vida conventual femenina fue parte de esta tendencia, resultando, entre otros ejemplos, en los retratos de monjas. La efigie de Ana Francisca de la Encarnación funge como un testimonio de su vida y muerte pero principalmente de su desposorio espiritual, tanto a nivel simbólico como en relación con su ceremonia de profesión religiosa.


Las ceremonias de profesión corresponden al momento en el que las monjas toman los hábitos y pronuncian los votos de castidad, clausura y pobreza. Simboliza el matrimonio místico con Jesús, además del inicio de la vida religiosa, mismos que se buscaron preservar a través de este tipo de testimonios pictóricos.

La imagen de Ana Francisca de la Encarnación nos muestra a una monja carmelita, orden que profesaba una fuerte devoción por el patriarca san José, es decir, por el padre putativo de Jesús, cuya devoción entre los carmelitas fue promovida por la propia santa Teresa de Jesús. Este santo representa al principal patrón y modelo virtuoso para la orden, debido a ello, no sorprende su presencia dentro del ajuar de la monja: se ubica en la sección izquierda de la corona, recordando las figuras de cera con las que solían adornarse; se mira una imagen diminuta del santo quien figura cargando al Niño Dios con su brazo izquierdo, mientras sostiene una vara de azucenas.

En 1604 se fundó el primer convento de Carmelitas Descalzas en Puebla de los Ángeles y se dedicó a san José; a partir de ello, comenzaron las fundaciones carmelitanas en la ciudad de México con el convento de San José o Santa Teresa de Nuestra Señora de la Antigua en 1616 y, más tarde, en 1704, el de Santa Teresa la Nueva. Las fundaciones carmelitanas se extendieron por diversas ciudades de la Nueva España, como fue el caso de la fundación en Guadalajara en 1695, o posteriormente del convento de El Dulce Nombre de Jesús en Querétaro, cuyo permiso fue concedido por Carlos IV en 1802; de este último se derivó la fundación del convento de Carmelitas Descalzas en Valladolid (Morelia) en 1819.



Bibliografía y referencias

Fernández Félix, Miguel. Monjas coronadas, vida conventual femenina, México, D.F: INAH/Museo Nacional del Virreinato, 2003.
Ramos Medina, Manuel. Místicas y descalzas: Fundaciones Femeninas Carmelitas en la Nueva España, México: Condumex, 1997.
Montero Alarcón, Alma. Monjas coronadas: Profesión y muerte en Hispanoamérica virreinal, México: Plaza y Valdés, 2008.

Dentro del espacio conventual, las flores cobraron un significado especial, siempre relacionado con la virtud. Las flores se observan en las coronas que las monjas utilizaban en la ceremonia de profesión.

Puede observar en uno de los costados de la corona de flores que porta la monja. La imagen del santo comulga con su iconografía tradicional; en este caso también sostiene al Niño Jesús con el brazo izquierdo.

En la parte inferior de la obra se encuentra una cartela en la cual se lee:

V(o). R(o) d la M(e) Anna María Franc(a) d la Encarnación: Hija Lex(a) d D. Lorenzo Xavier / de Villaseñor y de Dña. Antonia d Ortega. A los 19 años 11 / meses y 23 d de su edad: en el comb. De Sta. Thereza de la Ciud[a]d Guadalaxara y murió / el 20 de marzo de 1800 a los 70 años 2 dias de su edad y 50 a días de religiosa. Mani f.a. d 1751.

Se observa el característico manto blanco que formaba parte del hábito carmelita y cuya historia se relaciona con la devoción josefina. En este detalle, la propia monja entrega su corazón a un Niño Dios pasionario.


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Pieza del mes de octubre

Retrato de Ana Francisca de la Encarnación
Manuel Montes
Óleo sobre tela
Nueva España
1751

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