Pieza del mes

octubre

Sala siglo XVIII

El 23 de octubre se festeja el día del médico en México, con motivo de ello, en esta ocasión presentamos el retrato de un hombre, personaje principal y central de esta obra en la que se elabora un discurso visual sobre la dignidad de los médicos hacia el periodo virreinal.

En la Nueva España, para que un médico pudiese ejercer su profesión era necesario que aprobara un examen ante el Real Tribunal del Protomedicato1, ésta era la institución encargada de regular la práctica médica, tanto en España, como en sus virreinatos. Entre las funciones que desempeñaba dicho tribunal encontramos: la examinación de los aspirantes para el ejercicio de la medicina, la inspección del buen estado de los alimentos, el establecimiento de cuarentenas para evitar la propagación de enfermedades y la orientación del virrey respecto a asuntos relacionados con la salud pública2.


El médico tenía un papel muy importante dentro la jerarquía profesional en la Nueva España: su clientela era aquella que contaba con los mayores recursos, además de que recibía las más altas consideraciones por parte de la sociedad. En general se encargaba del tratamiento de enfermedades “internas”, las cuales se corresponden con la llamada teoría hipocrática de los humores. Aquella se desprende de la idea de que el cuerpo humano es una reproducción del universo y que como él, también se compone de cuatro partes a saber: fuego, aire, agua y tierra, elementos que a su vez se corresponden con un humor, quedando de la siguiente manera: fuego-humor colérico, aire-humor sanguíneo, agua- humor flemático y tierra- humor melancólico, a partir de lo anterior los médicos determinaban el tipo de remedio que se debía proporcionar al paciente.

Henrico Martínez en su Reportorio aconseja a los médicos y anota que estos “deben conocer los días decretorios, en los cuales, según la posición de los astros, la enfermedad se agrava o se mejora, y deben saber asimismo que hay días buenos para las purgas y sangrías y días peligrosos para esas únicas y espantosas medicinas de entonces.”3 Por su parte, Carlos Sigüenza y Góngora en sus Almanaques anota distintas recomendaciones para corregir “el exceso de calor o de frío, de sequedad o de humedad”, como por ejemplo la aplicación de baños para humedecer, para refrescar, para calentar y confortar, etc.4

Don Simón Francisco María Chamorro, el médico que retrata la pieza del mes, dirige su mirada hacia el espectador, su rostro muestra una expresión seria y distante. Viste de azul y blanco, en su cabeza porta un gorro que le cubre la frente, mientras que en el cuello lleva un pañuelo que cae sobre sus hombros. El traje que porta se encuentra abotonado hasta la cintura, está sujeto por un cordón que cae del lado derecho y el cual presenta unos nudos. Con su mano derecha sostiene una pequeña lupa y con la izquierda un bastón. Estos elementos dan cuenta de su profesión: la de médico. A lo largo de la parte inferior de la obra se observa la siguiente leyenda: Retrato de D(n) Simon Francisco María Chamorro de Salas Llanos y Valdes murió de edad de 70 a(s) y 3 m(s).

Dentro de la sociedad virreinal, la figura del médico se contraponía a la de otro de los personajes que integraban aquella jerarquía y que por cierto se encontraban relegados hasta lo más bajo de la escala profesional, se trata del barbero. Entre las funciones que este último desempeñaba se encuentran: “[…] colocar ventosas -con el objeto de extraer del cuerpo los malos humores-, sacar dientes y muelas podridos, […] hacer sangrías o flebotomías para limpiar la sangre, […] rasurar las barbas y cortar el pelo de los vecinos del barrio.”5

Con la llegada de la modernidad, no sólo hubo cambios en el ámbito de la medicina, sino también en la pintura, la cual adquirió un tono más personal: se prestaba especial atención a todos aquellos elementos que ayudaban a definir la individualidad, por ejemplo, en el caso del retrato era muy común que a las personas se les pintase en su lugar de trabajo y a menudo con objetos que aludieran directamente a su profesión. Comúnmente lo que incitaba a una persona a retratarse, más allá de “perpetuar su memoria”, era mostrar su dignidad social.6


1 En la Nueva España queda establecido como tribunal en 1628 y deja de funcionar ya para el 21 de noviembre de 1831. Cfr. Carlos Viseca Treviño (Coord.) Salud y humanismo. Medicina Virreinal, México: Secretaria de Salud, 2008, p. 70.

2 “Enfermedad y muerte en la Nueva España” en Pilar Gonzalbo Aizpuru (Dir.) Historia de la vida cotidiana en México: la ciudad barroca, T.II, México: El Colegio de México, Fondo de Cultura Económica,, 2004-2006, p.563.

3 Henrico Martínez, Reportorio de los tiempos e Historia Natural de esta Nueva España, estudio introductorio de Francisco de la Maza, apéndice bibliográfico de Francisco González de Cossío, México: CONACULTA, 1991 (Cien de México), p. 16-18.

4 Peraza Aurora Margarita y Rugeley Norman, Los almanaques de Carlos de Sigüenza… Oklahoma: University or Oklahoma Graduate College, 2011, p.176-177.

5 Curiel Gustavo y Antonio Rubial, “Los espejos de lo propio: ritos públicos y usos privados en la pintura virreinal” en Pintura y vida cotidiana en México: 1650-1950, México: Fomento Cultural Banamex-CONACULTA, 1999, p.133.

6 Para más información al respecto: Cfr. Leonor Cortina “El gesto y la apariencia” en Artes de México: el retrato novohispano, núm. 25, México, 1994, julio-agosto p.44.



Bibliografía

Artes de México: El retrato novohispano, núm. 25, julio-agosto, México, 1994.
Historia general de la Medicina en México, México: UNAM-Academia Nacional de Medicina, 1990.
CURIEL Gustavo y Antonio Rubial, “Los espejos de lo propio: ritos públicos y usos privados en la pintura virreinal” en Pintura y Vida Cotidiana en México 1650-1950 (exposición), México: Fomento Cultural Banamex-CONACULTA, pp.19-153.
GONZALBO Aizpuru, Pilar (Dir.), “Enfermedad y muerte en la Nueva España” en Historia de la vida cotidiana en México, La ciudad barroca, T. II, México: El Colegio de México, Fondo de Cultura Económica, 2004-2006.
MARTÍNEZ Henrico, Reportorio de los tiempos e Historia Natural de esta Nueva España, estudio introductorio de Francisco de la Maza, apéndice bibliográfico de Francisco González de Cossío, México: CONACULTA, 1991 (Cien de México)
PERAZA Aurora Margarita y RUGELEY Norman, Los almanaques de Carlos de Sigüenza y Góngora: aspectos literarios y herramienta para analizar infortunios de Alonso Ramírez y Parayso OccidentaL, Oklahoma: University or Oklahoma Graduate College, 2011.
ORTÌZ Monasterio, José, Agonía y muerte del Protomedicato de la Nueva España, 1831. La categoría socioprofesional de los médicos, Instituto José María Luis Mora, versión PDF obtenida de http://www.estudioshistoricos.inah.gob.mx/revistaHistorias/?p=175
VIESCA Treviño, Carlos (Coord.), Salud y humanismo, medicina virreinal, traducción de Lisa Heller, Harry Porter, México: Secretaria de Salud, 2008.

El volumen de la forma representada se construye a través de la superposición de planos y el manejo de contrastes lumínicos que generan un juego de sombras en la imagen del retratado; el rostro del personaje sirve de ejemplo de este aspecto ya que en él se puede apreciar lo antes mencionado, pues el pintor se valió de una serie de sombras que, al combinarse en distintos matices cromáticos, generaron un efecto de profundidad visual.

Debido a que existían “charlatanes” que ofrecían servicios como médicos, sin importarles la salud de las personas, se solía otorgar un distintivo que permitía distinguir a los médicos calificados de aquellos que no contaban con las licencias necesarias para ejercer dicha profesión. El uso del bastón -así como el de la toga, el cintillo, el gorro-, era muestra del estatus del que el médico gozaba dentro de la jerarquía profesional.

El cinturón que porta el médico es indicador de que formaba parte de los Terciarios Franciscanos, esto se deduce por los nudos típicos del cordón de los de la orden de san Francisco. Los tres nudos son símbolo de la pobreza, la castidad y la oración. Los Terciarios eran generalmente nobles que subvencionaban el convento, así que tenían derecho a vestirse con el hábito de la orden al morir.

Observando el gorro y parte del rostro con luz negra, se pueden apreciar unas líneas horizontales y verticales que reflejan el deterioro de la obra y que no son evidentes a simple vista.


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Pieza del mes de octubre

Retrato del médico don Simón Francisco María Chamorro
Autor desconocido
Óleo sobre tela
Nueva España
Siglo XVIII

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