Pieza del mes

diciembre

Sala siglo XVII

La pieza de este mes es un “enconchado”, tabla trabajada con pintura y madreperla en la que aún puede vislumbrarse un reflejo del contexto virreinal que la enmarcó. Esta pieza, exhibida en la sala del siglo XVII, revela la relación que existió a nivel plástico entre Nueva España y Asia; por otro lado, su temática remite al culto guadalupano del siglo XVII.

Los “enconchados” dan cuenta de la influencia oriental que existió en el virreinato de la Nueva España. Cada año llegaban a América muebles y biombos embutidos de nácar, traídos desde oriente. A partir de ello, hacia finales del siglo XVII se desarrolló la técnica que caracteriza a los “enconchados”, la cual dota a las obras de un efecto lumínico especial, así como de riqueza material. La pieza aquí mostrada es una entre las numerosas guadalupanas enconchadas que se realizaron en el siglo XVII, copias del ayate, motivo de un fenómeno cultural en la Nueva España. Actualmente, la Virgen de Guadalupe es considerada por muchos como uno de los símbolos de la identidad nacional. Su devoción, perfilada hacia el siglo XVII, revela rasgos intrínsecos de la sociedad novohispana y de su religiosidad.


Durante el siglo XVII, fueron diversas las razones por las que se fortaleció el culto a la Virgen de Guadalupe. Su imagen se tuvo como un ícono que dio unidad religiosa a una población heterogénea que requería de símbolos que le permitieran generar una identidad colectiva. De este modo, las representaciones marianas de carácter guadalupano acogieron características propias de las devocines del catolicismo español, así como de otras relacionadas con los cultos indígenas (Tonantzin). El relato de la aparición de la Virgen afirmaba el patrocinio divino del que gozaba América, sugiriendo con ello cierta autonomía frente a las autoridades eclesiásticas europeas. De ésto resultaría el reconocimiento del territorio novohispano dentro del mapa oficial de la Iglesia Católica, al superar con ello el debate en torno a la capacidad de la población indígena del Nuevo Mundo de abrazar dicha religión.

Existe otro rasgo fundamental del culto guadalupano propio del siglo XVII que contribuyó a su legitimación. La imagen sagrada que desde entonces figuró en el manto de san Juan Diego evidenció una teofanía a través del arte, ayudando con ello al afianzamiento de la fe en el principio inmaculado de la Virgen, según el cual María fue concebida libre de todo pecado. El ayate de la Virgen de Guadalupe se consideró como una certificación de su carácter inmaculado, siendo América el territorio elegido por Dios para esclarecer el misterio. El primer sermón vinculado a la doctrina inmaculista lo explica de la siguiente manera:

La idea es una imagen que pinta el artífice primero en su entendimiento que en la tabla […]; Dios Artífice, racional y milagroso de María, la pintó en el entendimiento primero que la criase [sic]. Y aquella Imagen aparecida en Guadalupe es copia de la que pensó Dios cuando la eligió para su Madre 1.

Dicho texto continúa apuntando que, pese al decreto de Dios que dicta que el hombre está hecho a su imagen y semejanza, el primer hombre demostró no ser semejante a la perfección sagrada al comer el fruto prohibido. Sin embargo, ante la imposibilidad de negar un postulado divino, “alguna criatura humana ha de haber que sea realmente imagen y semejanza de Dios […] sólo María que nunca pecó ni fue concebida con pecado, ha de ser quien llene este decreto” 2. Con esto puede comprobarse que el culto guadalupano desató un fenómeno cuyas implicaciones iban más allá de las fronteras americanas, incidiendo en el corazón mismo de los principios del catolicismo.

A lo largo del siglo XVII, la Nueva España fue un escenario en donde el símbolo de la Virgen y su devoción cobraron un sentido correspondiente a su horizonte histórico y social. Actualmente, la misma figura es entendida y venerada de acuerdo al contexto actual. Así, al contemplar esta pieza, se revela una imagen que se ha conservado y resignificado a lo largo del tiempo y que, a manera de alegoría social, puede hablar de manera simultánea sobre la antigua sociedad novohispana y sobre la que se vive actualmente, mantendiéndose como un ícono siempre activo.


1 Lavin, Mónica (coord.). Miradas Guadalupanas, México, D.F.: CONACULTA; Promoción Cultural Guadalupe, A.C.; Editorial Jus, 2003, p. 128.

2 Ibidem, p. 132.



Bibliografía

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Lavin, Mónica (coord.). Miradas Guadalupanas, México, D.F.: CONACULTA; Promoción Cultural Guadalupe, A.C.; Editorial Jus, 2003.
Martínez Huerta, Iván y Martha Reta Hernández (coord.). Tres siglos en el Tepeyac. El Antiguo Templo y Morada de Guadalupe (1709-2009), México, D.F.: Museo de la Basílica de Guadalupe, 2009.
Maza, Francisco de la. El guadalupanismo mexicano, México: FCE, 1981.

Algunas obras enconchadas realzan su efectectivismo estético gracias a los embutidos de madreperla que comprenden sus marcos. Esto resalta el carácter suntuoso y exótico que agradó a los señores, tanto del virreinato, como de España.

La tradición astrológica del siglo XVII equiparó a la Virgen con el sol que recorre el zodiaco, refiriéndose a este astro como un “círculo compuesto de doce signos por los cuales en los doce meses del año llena este planeta al mundo por medio de sus favorables influjos de vida, riqueza y hermosura […]” De ello deviene que su celebración se conmemore el día 12 del doceavo mes.

La iconografía de la Virgen de Guadalupe se relaciona con los elementos mencionados en el Apocalipsis. Ejemplo de ello es el resplandor que la rodea y la media luna que su ubica a sus pies:

“Y apareció en el cielo una gran señal: una mujer cubierta de sol, y la luna debajo de sus pies, y en su cabeza una corona de doce estrellas”.

Entre sus rasgos sincréticos, se han señalado las plumas de colores del angel que sostiene los extremos de su vestimenta. Simbólicamente, éstas se han relacionado con el panteón mesoamericano.

A grandes rasgos, la técnica del “enconchado” implicaba la disposición de láminas de madreperla en las zonas estratégicas que posteriormente configurarían las formas de una imagen.

A continuación, se daba paso a la aplicación de pintura en el resto de la superficie o directamente sobre el nacar.


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Pieza del mes de diciembre

Virgen de Guadalupe
Autor desconocido
Tabla de madera trabajada al óleo, embutida con madreperla
Nueva España
Siglo XVII

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