Pieza del mes

noviembre

En esta ocasión los invitamos a adentrarse en los interesantes detalles que encierra una silla color escarlata que habita en la sala del siglo XVII del Museo Franz Mayer. A través del análisis de la pieza se podrán conocer aquellos datos curiosos e historias de las minuciosidades que formaron parte de su elaboración hace más de tres siglos, y que hoy permiten hacer un viaje en el tiempo, así como comparar nuestras maneras de vivir, ser y hacer con las de otras épocas.

Los muebles son objetos portátiles y movibles, sirven para satisfacer necesidades, o bien para decorar los espacios que las personas habitan. Dentro del género de los muebles se agrupan aquellos usados para sentarse, mismos que tradicionalmente engloban las sillas, tronos, sillones, sitiales, bancos, taburetes, banquetas, bancas, sillas plegables, sofás y canapés, aunque recientemente se han agregado al listado objetos como el reposet.


La pieza de este mes es una silla de brazos o sillón de brazos de tipo frailero, llamado así por el extendido uso que se hizo de él en los conventos, no sólo europeos, sino también en los novohispanos. La presencia de un escudo franciscano como parte de la ornamentación de la pieza, sugiere su relación con algún convento de dicha orden.

Aunque actualmente la obra se muestra en una de las salas del museo, los elementos que la conforman permiten imaginar algunos relatos sobre su pasado, así como el ambiente al que perteneció, además de los años y lugares que ha recorrido hasta llegar a formar parte de esta colección.

Durante el siglo XVII, época de la que data el textil que decora el respaldo y asiento de la silla, el poseer un ejemplar de este tipo implicaba una cuantiosa inversión con la que sus religiosos patrocinadores esperaban dar realce y dignidad al culto católico, a Dios y a su orden; así como destacar aquellos personajes de alta jerarquía que la ocuparon como asiento. A partir de la comparación del estado de conservación y estilos de la pieza, podemos saber que la sección de madera es más reciente que el textil, lo que sugiere una intervención en la obra, probablemente realizada durante el siglo XX, de acuerdo con algunas prácticas que en este sentido sostuvieron los anticuarios de la centuria pasada; sin embargo, cabe aclarar que tal situación no le resta mérito a la innegable calidad de la talla que la engalana. ¿Cómo se habría visto la pieza originalmente?




Para saber más:

Aguilera, Carmen, et al. El mueble mexicano: historia, evolución e influencias, México, D.F.: Fomento Cultural Banamex, 1985.
Armella de Aspe, Virginia y Tovar de Teresa, Guillermo. Bordados y bordadores, México: Grupo Gutsa, 1992.
Borromeo, Carlos. Instrucciones de la fábrica y del ajuar eclesiásticos; introducción y notas de Bulmaro Reyes Coria; nota preliminar de Elena Isabel Estrada de Gerlero, México, D.F.: UNAM, 1985.
Carrillo y Gariel, Abelardo. El traje en la Nueva España, México, D.F.: INAH, Dirección de Monumentos Coloniales, 1959.
Franz Sales, Mayer. Manual de ornamentación: ordenado sistemáticamente para uso de dibujantes, arquitectos, escuelas de artes y oficios y para los amantes del arte, Barcelona: Gustavo Gili, 2006.
Miño Grijalva, Manuel. Obrajes y tejedores de la Nueva España, 1700-1810: la industria urbana y rural en una economía colonial. México, D.F.: COLMEX, Centro de Estudios Históricos, 1998.
Réau, Louis. Iconografía del arte cristiano, Barcelona: Ediciones del Serbal, 2000.
Rubial García Antonio, Coord. Historia de la vida cotidiana en México. T.2 La ciudad barroca, México, D.F.: COLMEX; FCE, 2004-2006.
Ruíz Calderón, Ana Paola. Organización y difusión de la sala permanente de textiles del Museo Franz Mayer, tesina de licenciatura (Licenciado en Diseño Textil), Universidad Iberoamericana, México, D.F., 1999.
Santiago Cruz, Francisco. Las artes y los gremios en la Nueva España, México: Jus, 1960.
Schmitz, Hermann, Historia del mueble: estilos del mueble desde la antigüedad hasta mediados del siglo XIX, Barcelona: G. Gill, 1952.
Stapley, Mildred. Tejidos y bordados populares españoles, Madrid: Voluntad, 1924.
El mueble español en los siglos XV, XVI, XVII, Madrid: A. Aguado, 1951.

El asiento y el respaldo de la pieza son ricos ejemplos de los textiles novohispanos, formado a partir de trabajos de tejido y bordado. Cabe mencionar que en esta ocasión existe un hecho atípico: la presencia de un trabajo de bordado en la zona del asiento; esta situación es extraordinaria debido a que, comúnmente y en consideración al uso y desgaste que implica dicha zona, se procuró evitar la presencia de bordados en tal lugar.

El tejido corresponde a la parte mayor y de soporte de la pieza que en este caso es de terciopelo: aunque actualmente se observa muy desgastado debido al paso del tiempo, en su momento debió haber resultado sumamente suntuoso debido al color rojo encendido que presentaba y del que aún quedan rastros, así como por el complicado proceso de elaboración y alto valor económico que implicó.

La tela de terciopelo era importada a la Nueva España desde Europa, aunque también era fabricada dentro del virreinato. Ésta era tejida en un telar especial que mezclaba dos hilos distintos, uno liso que finalmente serviría de fondo y otro con un pelo corto y rojizo que le conferiría la característica textura al producto; hilo por hilo se construía este tejido, hasta lograr formar metros y metros.

El bordado que presenta esta pieza está realizado en hilo de plata que, aunque actualmente se observa ennegrecida debido a la oxidación, debió haber sido resplandeciente, sobre todo a la luz de las velas que iluminaban los espacios interiores de los conventos novohispanos; con él se llevaban a cabo distintos tipos de puntadas (canutillo, empedradillo, punto de hoja, lanzado, etc.) que permitían obtener una gran variedad de texturas, volúmenes y apariencias que también hablan sobre la riqueza de la pieza.

El “hilo de plata” no supone, como se podría pensar, un simple hilo o tira muy delgada de plata, similar a los hilos de algodón que actualmente se pueden adquirir en cualquier mercería. La existencia de un hilo de plata en el siglo XVII implicó la obtención de un lingote de dicho material que, una vez pasado por una aplanadora, era golpeado con un pesado mazo hasta obtener una delgada lámina, con el grosor similar al de una hoja de papel; posteriormente éste se cortaba en tiras muy delgadas, mismas que servían para enrollar un hilo de seda; el resultado eran metros de seda enrollada manualmente con la laminilla de plata. Al resultado de todo este proceso es a lo que se le llama “hilo de plata”..

Además del escudo franciscano que decora la parte central del respaldo y que se compone por los brazos de Cristo y San Francisco, cruzados delante de una cruz que se apoya en el orbe del mundo; se pueden observar seis ángeles, dispuestos todos de manera simétrica en la franja que bordea esta misma sección; dichos elementos se combinan con motivos vegetales como los zarcillos de acanto, flores de liz y otras más de tipo imaginario, todos ellos estilizados y complementados con la presencia de pequeños puntos y espirales.

Se cree que el trabajo de madera fue realizado durante el siglo XX, sin embargo retoma motivos ornamentales de épocas anteriores; la madera empleada es cedro rojo, la cual le confiere la tonalidad correspondiente. Toda la pieza se encuentra tallada de tal modo que sus formas sobresalen de la superficie, dando la impresión de que brotan de ella.

El armado de todas las partes de madera se realiza a partir de la técnica de ensamble, aunque en algunos casos se refuerza con tonetes o taquetes. Entre las secciones de madera se observan algunos contrastes de formas ya que, por un lado se presentan ángulos y formas rectas, tal y como sucede con las patas  y los soportes del respaldo; por otro lado, el travesaño, los brazos y los motivos labrados que decoran la silla destacan por sus formas orgánicas, es decir, por sus ángulos redondeados y por su tendencia hacia las curvas y ondas.

En la pieza se pueden observar dos seres imaginarios: se trata de dos dragones que decoran las secciones de la silla conocidas como montantes, que es en donde se montan los brazos de la misma. Estos dragones, de influencia oriental, presentan una llamativa talla que permite observar a detalle sus escamas, colmillos, ojos y lenguas, todo ello enmarcado por varios zarcillos de acanto que abrazan a los fantásticos seres.

Al centro del travesaño se ubica una concha de formas también redondeadas, motivo ornamental que fue muy utilizado desde la segunda etapa del periodo correspondiente al Renacimiento, pero que, a partir del empleo de sus formas o estilizaciones de éstas en la decoración de las residencias reales francesas desde el primer tercio del siglo XVIII, se convirtió en un elemento característico del estilo Rococó.


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Pieza del mes de noviembre

Silla de brazos con escudo franciscano
Autor desconocido
Madera tallada y labrada con remates de bronce, tapizada en terciopelo rojo bordado con hilos de plata
Textil: Nueva España, siglo XVII
Talla en madera: México, siglo XX
134x73x64 cm.

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